La pérdida auditiva, también llamada hipoacusia, no siempre se manifiesta igual ni tiene el mismo origen. En algunas personas aparece de forma gradual, en otras de manera repentina. Esta puede afectar a un solo oído o a ambos, ser temporal o permanente, leve o profunda. Por eso, en audiología, identificar qué tipo de pérdida auditiva existe es clave para elegir la solución más adecuada.
Según la Organización Mundial de la Salud, se considera pérdida auditiva cuando una persona no oye tan bien como alguien con audición normal, generalmente definida por umbrales auditivos de 20 dB o mejores en ambos oídos. La pérdida puede clasificarse por grado leve, moderada, grave o profunda y puede dificultar desde la comprensión de conversaciones hasta la percepción de sonidos intensos.
Qué es la pérdida auditiva
La pérdida auditiva es la disminución parcial o total de la capacidad para percibir sonidos. Puede afectar a la audición de frecuencias concretas, como los sonidos agudos del habla, o comprometer la audición de forma más general. En la práctica, muchas personas no notan que “oyen menos” al principio, sino que empiezan a detectar señales cotidianas: necesitan subir el volumen de la televisión, piden que les repitan las frases, les cuesta seguir conversaciones en restaurantes o sienten que los demás “murmuran”.
Desde el punto de vista auditivo, oír no consiste sólo en captar volumen. El oído recoge el sonido, lo transmite a través del oído externo y medio, lo transforma en señales nerviosas en el oído interno y finalmente el cerebro interpreta esa información. Cuando alguna parte de este proceso falla, puede aparecer una pérdida auditiva.
Por eso, dos personas con una pérdida similar en decibelios pueden tener experiencias muy distintas. Una puede oír los sonidos, pero no entender bien las palabras; otra puede notar el oído taponado. Otra, puede tener dificultad únicamente en ambientes con ruido. Esta diferencia explica por qué el diagnóstico audiológico debe analizar no solo “cuánto se oye”, sino también cómo se oye, qué frecuencias están afectadas y dónde se localiza el problema.
Tipos de pérdida auditiva
En audiología, la pérdida auditiva suele clasificarse en tres grandes tipos: conductiva, neurosensorial y mixta. Esta clasificación depende de la zona del sistema auditivo donde se produce la alteración. ASHA, la Asociación Americana del Habla, Lenguaje y Audición, distingue estos tres tipos principales y señala que el tratamiento depende del tipo de pérdida existente.
Pérdida auditiva conductiva
La pérdida auditiva conductiva ocurre cuando el sonido no se transmite correctamente a través del oído externo o medio. Es decir, el problema no está necesariamente en el nervio auditivo o en el oído interno, sino en el “camino” que debe recorrer el sonido antes de llegar a ellos.
Puede producir una sensación de oído taponado, sonidos apagados o menor volumen general. En muchos casos, este tipo de pérdida puede mejorar con tratamiento médico o quirúrgico, dependiendo de la causa. ASHA indica que la pérdida conductiva puede hacer que los sonidos se perciban más suaves y que, en determinados casos, puede corregirse médicamente o mediante cirugía.
Ejemplos habituales incluyen tapones de cerumen, otitis, líquido en el oído medio, perforación timpánica, problemas en la trompa de Eustaquio u alteraciones en los huesecillos del oído medio.
Pérdida auditiva neurosensorial
La pérdida auditiva neurosensorial se produce cuando existe daño en el oído interno, especialmente en las células ciliadas de la cóclea, o en la vía nerviosa que transmite la información sonora al cerebro. Es uno de los tipos más frecuentes en adultos y suele estar asociada al envejecimiento, exposición prolongada al ruido, ciertos medicamentos, antecedentes genéticos, infecciones o traumatismos.
A diferencia de muchas pérdidas conductivas, la neurosensorial suele ser permanente. No obstante, existen soluciones que pueden mejorar de forma importante la comunicación, como audífonos, dispositivos auditivos implantables o implantes cocleares en casos seleccionados. El NIDCD explica que los audífonos son especialmente útiles para mejorar la audición y la comprensión del habla en personas con pérdida neurosensorial causada por daño en las células sensoriales del oído interno.
Una característica frecuente de este tipo de pérdida es que la persona puede “oír, pero no entender”. Esto ocurre porque no solo baja la intensidad del sonido, sino que también se altera la claridad con la que se perciben ciertos sonidos del habla, sobre todo consonantes agudas como /s/, /f/, /t/ o /ch/.
Pérdida auditiva mixta
La pérdida auditiva mixta combina componentes conductivos y neurosensoriales. Esto significa que existe una alteración en el oído externo o medio y, al mismo tiempo, daño en el oído interno o en la vía nerviosa. ASHA describe la pérdida mixta como una combinación de problemas en el oído externo o medio y en el oído interno o la vía nerviosa hacia el cerebro.
Por ejemplo, una persona mayor con pérdida neurosensorial por edad también puede desarrollar un tapón de cerumen o una otitis media. En ese caso, la pérdida auditiva total será la suma de ambos problemas. El abordaje debe tratar, cuando sea posible, la parte conductiva y compensar la parte neurosensorial con soluciones auditivas adecuadas.
Otros patrones importantes
Además del tipo, el especialista también analiza el grado y la configuración de la pérdida auditiva. El grado indica si la pérdida es leve, moderada, grave o profunda. La configuración muestra qué frecuencias están más afectadas: algunas personas pierden sobre todo los sonidos agudos; otras, los graves; y otras presentan una afectación más plana.
También se valora si la pérdida es unilateral o bilateral, simétrica o asimétrica, estable o progresiva. Estos detalles son muy importantes porque una pérdida auditiva repentina, asimétrica o acompañada de vértigo, dolor, supuración o acúfenos intensos requiere valoración médica prioritaria.
Causas más frecuentes de la pérdida auditiva
Las causas de la pérdida auditiva son variadas y pueden cambiar según la edad, los antecedentes médicos, el entorno laboral, los hábitos de exposición al ruido y la salud general de cada persona.
Envejecimiento auditivo o presbiacusia
La presbiacusia es la pérdida auditiva relacionada con la edad. Suele aparecer de forma progresiva y afecta con frecuencia a las frecuencias agudas. Por eso, muchas personas mayores oyen que alguien está hablando, pero no distinguen bien las palabras, especialmente en ambientes con ruido.
Este tipo de pérdida suele ser neurosensorial y bilateral. Puede acompañarse de acúfenos y dificultad para seguir conversaciones grupales. Aunque no suele revertirse, los audífonos bien adaptados, la rehabilitación auditiva y los ajustes personalizados pueden mejorar mucho la calidad de vida.
Exposición al ruido
La exposición prolongada a ruidos intensos, maquinaria, música alta, auriculares a volumen elevado, herramientas, tráfico, conciertos o entornos laborales ruidosos puede dañar las células sensoriales del oído interno. Mayo Clinic señala que el envejecimiento y la exposición a ruidos fuertes son causas frecuentes de pérdida auditiva.
La pérdida por ruido suele afectar inicialmente a frecuencias altas y puede pasar desapercibida durante años. La prevención es fundamental: protección auditiva, pausas sonoras, reducción del volumen y revisiones periódicas en personas expuestas a ruido laboral o recreativo.
Tapones de cerumen
El exceso de cerumen puede bloquear el conducto auditivo externo y provocar una pérdida conductiva temporal. La persona puede notar oído taponado, presión, disminución del volumen o incluso acúfenos. En estos casos, la solución puede ser sencilla, pero es importante evitar introducir bastoncillos u objetos en el oído, ya que pueden compactar más el cerumen o lesionar el canal auditivo.
Infecciones y otitis
Las infecciones del oído externo o medio pueden causar inflamación, dolor, secreción y pérdida auditiva temporal. En niños, la otitis media con líquido es una causa frecuente de dificultades auditivas transitorias, pero si se repite o se mantiene en el tiempo puede afectar al desarrollo del lenguaje y al rendimiento escolar.
Problemas del tímpano o de los huesecillos
Una perforación timpánica, una cicatriz en el tímpano, la rigidez de la cadena de huesecillos o enfermedades como la otosclerosis pueden alterar la transmisión del sonido. Estas pérdidas suelen ser conductivas o mixtas y requieren valoración por otorrinolaringología y audiología.
Medicamentos ototóxicos
Algunos fármacos pueden afectar al oído interno y provocar pérdida auditiva, acúfenos o alteraciones del equilibrio. El riesgo depende del tipo de medicamento, la dosis, la duración del tratamiento y la susceptibilidad individual. Nunca se debe suspender un tratamiento por cuenta propia, pero sí conviene informar al médico si aparecen síntomas auditivos durante un tratamiento.
Factores genéticos y congénitos
Algunas pérdidas auditivas están presentes desde el nacimiento o aparecen durante la infancia por causas genéticas, complicaciones durante el embarazo, infecciones, prematuridad u otros factores. La detección temprana es esencial para favorecer el desarrollo del lenguaje, la comunicación y el aprendizaje.
Traumatismos y cambios bruscos de presión
Golpes en la cabeza, lesiones en el oído, explosiones, barotrauma por buceo o vuelos, y exposición a sonidos súbitos de alta intensidad pueden dañar estructuras del oído medio o interno. En estos casos, la evaluación debe ser rápida, especialmente si la pérdida aparece de forma repentina.
Pérdida auditiva súbita
La pérdida neurosensorial súbita es una urgencia médica. Puede aparecer de un momento a otro o en pocas horas, normalmente en un solo oído. El NIDCD señala que los corticoides son uno de los tratamientos más utilizados en la sordera súbita, especialmente cuando no se identifica una causa clara.
Ante una pérdida repentina de audición, no conviene esperar “a ver si se pasa”. La rapidez en la valoración puede influir en el pronóstico.
Soluciones según el tipo de pérdida
No existe una única solución para todas las pérdidas auditivas. El tratamiento depende del tipo de pérdida, su causa, el grado de afectación, la edad, las necesidades comunicativas y el estado general de salud.
Soluciones para la pérdida conductiva
Cuando la pérdida es conductiva, el objetivo principal es corregir el problema que impide la transmisión adecuada del sonido. Si la causa es un tapón de cerumen, la extracción profesional puede recuperar la audición. Si existe una infección, puede requerir tratamiento médico. Si hay líquido persistente en el oído medio, perforación timpánica u otosclerosis, el especialista valorará opciones médicas o quirúrgicas.
En algunos casos, aunque la causa no pueda corregirse completamente, pueden utilizarse audífonos convencionales o dispositivos de conducción ósea. La elección depende del estado del oído externo y medio.
Soluciones para la pérdida neurosensorial
En la pérdida neurosensorial, la solución más habitual son los audífonos, especialmente cuando la pérdida es leve, moderada o moderadamente severa. Los audífonos actuales no solo amplifican el sonido: procesan la señal, reducen ruido, mejoran la direccionalidad, se adaptan a distintos entornos y pueden conectarse con teléfonos móviles u otros dispositivos.
El NIDCD indica que los audífonos pueden mejorar la audición y la comprensión del habla en pérdidas neurosensoriales, y diferencia entre audífonos de venta libre para adultos con pérdida percibida leve a moderada y audífonos prescritos y programados por profesionales para necesidades más específicas.
Cuando la pérdida es severa o profunda y los audífonos no ofrecen suficiente beneficio, puede valorarse un implante coclear. Este dispositivo no amplifica simplemente el sonido, sino que estimula directamente el nervio auditivo mediante señales eléctricas. La indicación requiere pruebas audiológicas, médicas y expectativas realistas.
Soluciones para la pérdida mixta
La pérdida mixta requiere un enfoque combinado. Primero se estudia si la parte conductiva puede tratarse: cerumen, infección, líquido, alteración timpánica o problema quirúrgicamente abordable. Después se valora la parte neurosensorial y se decide si la persona necesita audífonos, dispositivos de conducción ósea, implantes u otras soluciones.
En estos casos, la adaptación auditiva suele requerir más precisión, porque hay que compensar una pérdida más compleja. El seguimiento es importante para ajustar la amplificación, controlar la evolución y revisar si aparecen cambios en el oído medio.
Rehabilitación auditiva y entrenamiento
La solución no termina al colocar un audífono. Muchas personas necesitan un periodo de adaptación, ajustes progresivos y orientación para aprender a escuchar de nuevo ciertos sonidos. La rehabilitación auditiva puede incluir entrenamiento de escucha, estrategias de comunicación, lectura labial, educación familiar y recomendaciones para mejorar los entornos sonoros.
Medidas de prevención y cuidado
La prevención auditiva es una parte esencial de la salud auditiva. Algunas medidas recomendables son evitar la exposición prolongada a ruidos intensos, usar protección auditiva en entornos ruidosos, controlar el volumen de los auriculares, realizar revisiones si existen antecedentes familiares o exposición laboral al ruido, y consultar ante síntomas como acúfenos, sensación de taponamiento, dolor, vértigo o pérdida repentina.
Preguntas frecuentes
No siempre. Algunas pérdidas auditivas conductivas, como las causadas por tapones de cerumen o infecciones, pueden ser temporales y mejorar con tratamiento. En cambio, muchas pérdidas neurosensoriales suelen ser permanentes, aunque existen soluciones que ayudan a mejorar la audición y la comprensión del habla.
Sí. El envejecimiento auditivo o presbiacusia es una de las causas más frecuentes de pérdida auditiva en adultos mayores. Suele afectar primero a los sonidos agudos y dificulta especialmente entender conversaciones en ambientes ruidosos.auditiva?
Sí. La exposición prolongada a ruidos intensos, música alta, auriculares a volumen elevado o ambientes laborales ruidosos puede dañar las células del oído interno. Este daño suele ser progresivo y, en muchos casos, irreversible.
Sí. Un exceso de cerumen puede bloquear el conducto auditivo y provocar una pérdida auditiva temporal. También puede generar sensación de presión, oído taponado o zumbidos. Por eso, es importante acudir a un profesional y evitar introducir bastoncillos u objetos en el oído.
Muchas personas con pérdida auditiva neurosensorial pueden escuchar sonidos, pero no comprender bien las palabras. Esto ocurre porque no solo disminuye el volumen, sino también la claridad del sonido, especialmente en consonantes agudas o en ambientes con ruido.